Cora: el café que logró lo imposible dentro del Kavanagh

Hay proyectos que nacen como negocios. Y hay otros —mucho más raros— que nacen casi como sueños u obsesiones. Cora pertenece claramente a la segunda categoría.

En pleno corazón de Retiro, en Florida 1045, dentro del emblemático edificio Kavanagh, funciona este café de especialidad que no debería existir. Literalmente. Durante décadas, el reglamento del edificio —una joya del racionalismo inaugurada en 1936 y considerada patrimonio histórico— prohibió cualquier emprendimiento gastronómico. Pero Facundo Olabarrieta decidió no aceptar esa línea como un límite, sino como un desafío.

Tenía 32 años, experiencia en gastronomía asesorando bares y restaurantes, y una idea fija: abrir un café en el Kavanagh. No en otro lado. Ahí.

El proyecto lo pensó junto a su padre, el arquitecto Martín Olabarrieta. Y lo defendieron como se defienden las cosas importantes: con argumentos, paciencia y convicción. Lo presentaron ante el consorcio, lo discutieron, lo ajustaron… hasta que llegó el momento decisivo: una votación a mano alzada que terminó habilitando lo que hasta entonces parecía imposible. Ese espacio que durante años había sido un depósito se transformó en lo que hoy es Cora Café.

El nombre tampoco es casual. Es un guiño íntimo a Corina Kavanagh, la mujer que mandó a construir el edificio y a quien, según cuentan, le decían “Cora”. El café no solo está dentro del Kavanagh: dialoga con su historia.

Un café que respira el edificio

Nada en Cora está librado al azar. El objetivo no era “poner un café” dentro de un edificio icónico, sino crear algo que estuviera a la altura.

El mármol travertino del bar replica el del edificio. Las líneas, los materiales y hasta la elección del mobiliario —con piezas del diseñador Ricardo Blanco— buscan continuidad con la estética original. No hay ruptura, hay integración.

Y eso se percibe. No es un café que invade el Kavanagh. Es un café que parece haber estado siempre ahí.

El propio consorcio lo entendió así. Difícil imaginar que hubieran aprobado una cadena o un formato estandarizado. Esto tenía que ser otra cosa.

Facundo Olabarrieta
Facundo Olabarrieta

Café de especialidad, pero con identidad propia

Cora es un café de especialidad, sí. Pero no juega al cliché.

Acá no hay “flat white” ni “croissant”. Hay café con leche y medialunas. Y esa decisión no es menor: hay una búsqueda consciente de identidad. De lenguaje. De no copiar lo que viene de afuera por inercia.

La carta combina precisión técnica con sensibilidad local. Conviven desde un espresso bien trabajado hasta propuestas más elaboradas como filtrados para compartir, limonadas frescas, jugos exprimidos y una selección de tés orgánicos. En la parte salada, aparecen tostones con palta y huevo, huevos pochados con espinaca, ensaladas con productos frescos y prensados con quesos argentinos. Para la tarde, chipá, roll de canela, budines, alfajores y medialunas que respetan el ADN local.

También hay una selección cuidada de vinos —con etiquetas orgánicas y de pequeñas bodegas—, vermú, cerveza artesanal y algunos cócteles clásicos.

Pero más allá del menú, lo que define a Cora es el criterio.

Café Cora
Café Cora

Más que café: arte, música y comunidad

Cora no es solo un lugar para tomar café. Es, también, un espacio cultural.

Facundo —que además de gastronómico tiene un fuerte vínculo con el mundo del arte— cura y codirige junto a Belén García Pinto las exposiciones que se montan en el espacio. En el subsuelo, incluso, hay un salón flexible que funciona como galería, sala de conciertos o espacio de encuentro. Ahí se organizan muestras, catas de vino, encuentros y shows de jazz en vivo.

La música, de hecho, es parte central de la experiencia. La playlist del lugar está dedicada al jazz argentino contemporáneo y fue especialmente curada por el sello Isla Desierta Discos. No es música de fondo: es parte del concepto.

El espacio se completa con una planta superior para unos 20 comensales, con una continuidad en la muestra de arte y el subsuelo que combina una gran mesa, con capacidad para eventos. Todo funciona los siete días de la semana, de 8 a 20.

Café Cora

Un esfuerzo total (y una apuesta que valió la pena)

Cora abrió en febrero de 2025. Y el primer año fue, según cuenta Facundo, absorbente. Sin margen para demasiado más. Un proyecto de tiempo completo, de cabeza y cuerpo.

Pero el resultado empezó a aparecer.

Los sábados —que en un inicio no eran la prioridad— se transformaron en el día más fuerte. Y el café empezó a construir su propio público: vecinos del edificio, gente del barrio, turistas y un circuito cada vez más vinculado al arte que está reactivando la zona.

Porque ese es otro dato clave: la microzona de Florida y Retiro, golpeada tras la pandemia, está en plena reconversión. Están volviendo las galerías, reaparece el movimiento cultural y el turismo extranjero sigue siendo un flujo constante. En ese contexto, Cora funciona como un punto de anclaje.

El valor de pertenecer

Hay algo que atraviesa todo el proyecto: el respeto por el lugar.

Los propios habitantes del Kavanagh, que al principio eran el obstáculo, hoy son parte del valor. Son quienes validan que esto tenga sentido. Que no sea una intrusión, sino una extensión natural del edificio.

Y ahí está, quizás, la clave.

Cora no es un café exitoso dentro de un edificio icónico. Es un proyecto que entendió dónde estaba parado y construyó desde ahí. Sin atajos.

Por eso funciona. Porque no podría existir en ningún otro lugar.

Compartir noticia