Minería de litio: diversidad y nuevas generaciones impulsan un cambio cultural

La minería del litio vive un momento de transformación. No solo por su impacto en la transición energética global, sino también por el cambio cultural que atraviesa su fuerza laboral. En un contexto en el que la tecnología redefine los procesos y la sostenibilidad se vuelve prioridad, atraer y retener a nuevas generaciones se convierte en un desafío estratégico para asegurar el futuro del sector.

“Durante mucho tiempo la minería fue percibida como una actividad lejana, exclusiva y asociada a lo extractivo. Hoy debemos mostrar que el litio está en el corazón de la innovación: en los autos eléctricos, en los celulares, en el cambio hacia una economía más limpia. Esa conexión con el propósito es la que puede inspirar a los jóvenes”, sostuvo Erica Ibarra, Key Account Manager de la división de minería de Adecco Argentina.

Una industria que evoluciona hacia la inclusión

El desafío no se trata solo de sumar jóvenes, sino de construir equipos diversos, capaces de integrar miradas distintas que enriquezcan la toma de decisiones y fomenten la innovación.

“La diversidad de género, generacional, cultural e incluso de neurodivergencia no es solo una cuestión de equidad: es una ventaja competitiva. Los equipos diversos resuelven problemas con mayor creatividad y adaptabilidad, algo clave en una industria que cambia tan rápido como la del litio”, agregó Ibarra. 

Una transformación cultural en marcha

El sector minero está atravesando un proceso profundo de cambio cultural que va mucho más allá de la adopción tecnológica o la eficiencia operativa. Hoy, las compañías reconocen que el verdadero motor de la transformación son las personas: su capacidad de aprender, adaptarse e innovar.

En este contexto, cada vez más empresas impulsan programas de empleabilidad, formación y desarrollo que promueven entornos laborales más inclusivos, diversos y atractivos para las nuevas generaciones. El objetivo es claro: conectar el trabajo con un propósito, generar sentido de pertenencia y abrir espacios donde todos los talentos —sin distinción de género, edad o procedencia— puedan crecer y aportar valor.

La diversidad, entendida en un sentido amplio, se convierte así en un factor estratégico. Equipos conformados por personas con experiencias, miradas y trayectorias diferentes tienden a resolver problemas con mayor creatividad, adaptarse mejor al cambio y construir culturas más colaborativas. En una industria históricamente tradicional como la minería, esta evolución marca un punto de inflexión.

“Hoy muchos jóvenes sueñan con innovar, tener impacto y encontrar propósito en su trabajo. Si logramos mostrar que en esta industria también pueden hacerlo —que pueden ser protagonistas de la transición energética— estaremos construyendo una minería más humana, moderna y sostenible”, concluyó Ibarra. 

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