Desperdicio de alimentos en Argentina: cuánto se tira y qué hacen los consumidores para ahorrar

En Argentina, desperdiciar comida ya no aparece solamente como un problema ambiental o social: también empieza a verse como una pérdida directa de dinero. Una encuesta regional realizada por Cheaf muestra que el 49% de los argentinos consultados asegura que el aumento de los precios de los alimentos fue el principal factor que modificó este año la manera en que compra y aprovecha la comida.
El dato surge de la segunda Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos, realizada en julio de 2026 entre 4.504 personas de Argentina, Chile, Colombia y México. En el caso argentino, participaron 987 personas.
El relevamiento muestra una paradoja: mientras el desperdicio es reconocido como un problema importante, esa preocupación no siempre se transforma en cambios concretos en los hábitos cotidianos.
El precio de los alimentos cambia la forma de comprar
El impacto del bolsillo aparece como uno de los principales factores detrás de las decisiones de los consumidores.
A nivel regional, el 54% de los encuestados señaló el aumento del precio de los alimentos como el principal elemento que influyó en sus hábitos durante 2026.
Argentina quedó por debajo del promedio regional, con 49%, pero el dato sigue mostrando el peso que tiene el costo de la comida sobre las decisiones de los hogares. En Chile llegó al 62% y en México al 59%.
En este contexto, aprovechar mejor los alimentos adquiere una dimensión económica: aquello que termina en la basura también representa dinero que ya fue gastado.
Para empresas y comercios, la situación abre además una oportunidad para recuperar valor de productos que todavía pueden ser consumidos, pero que están próximos a su vencimiento o ya no pueden venderse bajo las condiciones comerciales habituales.
Cuánta comida se tira en los hogares
La encuesta regional muestra que existe una importante distancia entre lo que las personas piensan y lo que efectivamente hacen.
El 91% de los participantes considera que el desperdicio de alimentos es un problema al menos relevante, mientras que solamente el 12% afirma que nunca tira comida.
Por el contrario, el 33% reconoce desperdiciar alimentos una o dos veces por semana y otro 6% declara hacerlo con mayor frecuencia. En conjunto, cerca de cuatro de cada diez personas admiten tirar comida al menos semanalmente.
La contradicción también aparece entre quienes tienen mayor conciencia sobre el problema. Entre las personas que consideran que el desperdicio es crítico o muy relevante, alrededor del 40% reconoce que igualmente desperdicia alimentos semanalmente.
Esto plantea un desafío que va más allá de la concientización: hacer que resulte sencillo y conveniente evitar el desperdicio.
Los supermercados aparecen como los principales responsables
Uno de los datos más relevantes para el sector empresario está en la percepción sobre quién debería liderar las soluciones.
A nivel regional, el 74% de los encuestados identifica a los supermercados y grandes cadenas como los actores con mayor responsabilidad para reducir el desperdicio de alimentos.
En Argentina, el porcentaje alcanza el 67,3%.
La cifra coloca al retail por encima de otros actores mencionados en la encuesta, como los propios hogares, los gobiernos y los restaurantes y comercios.
Para las grandes cadenas, esto significa que la reducción de desperdicios comienza a formar parte no solamente de las políticas de sustentabilidad, sino también de la experiencia que los consumidores esperan de las empresas.
El 2×1 puede terminar jugando en contra
Las promociones también aparecen vinculadas con el problema.
El estudio detectó que entre quienes reconocen que las promociones de varias unidades —como el tradicional 2×1— los llevan a comprar más de lo necesario, el 43% declara desperdiciar alimentos semanalmente.
Entre quienes no consideran que este tipo de promociones los impulsen a sobrecomprar, el porcentaje baja al 36%.
El dato no significa que las promociones sean necesariamente responsables del desperdicio, pero sí muestra una relación entre determinados mecanismos comerciales y la tendencia a comprar cantidades superiores a las necesarias.
Para supermercados y fabricantes, el desafío consiste entonces en encontrar un equilibrio entre incentivar el consumo y evitar que una parte de los productos comprados termine sin utilizarse.
Descuentos para alimentos próximos a vencer
La encuesta también muestra una predisposición de los consumidores a comprar productos que están cerca de su fecha de vencimiento o consumo preferente cuando existe un incentivo económico.
El 37% de los encuestados afirma que compraría un producto en esa situación únicamente si tiene descuento.
En cambio, solamente el 9% asegura que lo compraría específicamente con la intención de conservarlo.
Esto convierte a los descuentos en una posible herramienta para reducir el desperdicio y, al mismo tiempo, generar una oportunidad comercial.
El concepto es sencillo: en lugar de que un producto que todavía puede consumirse termine descartado, puede venderse a un precio menor a un consumidor dispuesto a aprovecharlo.
Qué quieren los argentinos de las empresas
La encuesta también consultó quién debería hacerse cargo de impulsar soluciones.
Los supermercados y grandes cadenas aparecen claramente en el centro de las expectativas. En Argentina, el 67,3% los identifica como actores responsables de reducir el desperdicio.
Pero los consumidores no parecen inclinarse principalmente por las sanciones.
A nivel regional, el 52% considera que deberían existir incentivos para donar o rescatar alimentos, mientras que el 28% prioriza facilitar las donaciones a bancos de alimentos.
Solo el 10% se inclina por aplicar multas a las grandes empresas.
La señal para el sector privado es clara: los consumidores parecen esperar soluciones prácticas que permitan aprovechar los alimentos antes de que se conviertan en residuos.
Una oportunidad de negocio detrás del desperdicio
El problema también está generando nuevos modelos comerciales.
En Argentina, la plataforma Cheaf conecta comercios que tienen excedentes de alimentos con consumidores que pueden adquirirlos con descuentos. La empresa desembarcó en el país en 2025 y actualmente trabaja con supermercados, restaurantes, panaderías y otros comercios.
El modelo apunta a transformar una pérdida potencial para el comercio en una venta, al mismo tiempo que permite al consumidor acceder a alimentos a menor precio.
La propia plataforma informa que ya superó los 7,8 millones de kilos de alimentos salvados y cuenta con más de un millón de usuarios en su red regional.
Pero la problemática excede a una empresa puntual.
En Argentina, el Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos cuenta con mediciones específicas sobre las mermas en supermercados y autoservicios y trabaja junto con empresas del sector para reducir pérdidas, aumentar el rescate y la donación de alimentos y disminuir los productos desperdiciados por vencimiento.
El dato que deja la encuesta
El principal hallazgo para Argentina puede resumirse en una idea: el desperdicio de alimentos dejó de ser solamente una cuestión de conciencia ambiental y empieza a estar cada vez más relacionado con el bolsillo.
Con alimentos que tienen un peso importante dentro del presupuesto de los hogares, tirar comida significa también perder parte del dinero destinado a comprarla.
Y para las empresas, especialmente supermercados y grandes cadenas, el desafío es doble: reducir la cantidad de alimentos que se descartan y encontrar mecanismos que permitan transformar parte de esa pérdida en ahorro para los consumidores y valor para el negocio.
La encuesta muestra que la preocupación ya existe. Ahora la discusión pasa por otra pregunta: cómo hacer que evitar el desperdicio sea más fácil, más barato y más conveniente que tirar la comida.


